Sancheski.

sancheski
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Cuando eramos unos niños, se pusieron a la venta los Sanchekis, unos patinetes que nos cambiaron la vida. Pasamos de hacer piruetas y taconear a buscar cuestas  para hacer carreras y descensos vertiginosos. Y en Leioa cuestas hay unas cuantas, pero la mejor era la que nosotros llamábamos la cuesta Roja, que es la que une el barrio de los pinos con la Ikastola Artaza. Roja por el color de la gravilla, aquí nos juntábamos niños de todos los barrios, al no haber tráfico yo creo que las propias madres dirigieron la mirada a esa cuesta, estábamos horas, de verdad horas, salíamos de clase, a la cuesta con la merienda y el Sancheski, y no volvíamos hasta las tantas, por lo menos las ocho de la tarde nos daban en la cuesta, gracias a las farolas claro esta. Íbamos hasta arriba, nos poníamos todos a la par, dábamos la salida y nos lanzábamos cuesta abajo, pero sentados, las curvas eran como las del circuito del Jarama, la velocidad como la del Renault Cinco Copa Turbo, todos terminábamos alguna vez primeros, pero era normal, no se cuantas veces subíamos y bajábamos aquella cuesta, así que había oportunidades para todos.

Rasponazos, pantalones rotos, suelas de las zapatillas desgastadas, eran las batallas diarias de las madres al llegar a casa, el agua oxigenada encima de la herida y ver el cielo, pero al día siguiente otra vez la aventura del Sancheski. Creo no equivocarme pero nos duro el tema del sancheski un par de años, casi o sin casi,  desplazo al fútbol. Ahora cuando llovía no nos movíamos de la cuesta, aprovechamos la canaleta del agua que bajaba paralela al camino, ¿como? haciendo regatas de palitos. Y otras tantas subidas y bajadas, hasta que dejaba de llover y empapados seguíamos con el sancheski. Un día traicionamos la cuesta roja y nos propusimos bajar la cuesta que baja de Gaztelueta a Gatelubide, miedo pasamos, no por la velocidad, por la casualidad del coche que justamente apareció cuando llegamos al tramo de menos visibilidad de toda la cuesta, susto y lección aprendida, la cuesta Roja era la mejor por algo, era nuestro territorio seguro, bueno seguro hasta que descubrimos el palacio abandonado, pero esto será tema de otra entrada.